Erotismo y religión en “Aura” de Carlos Fuentes

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Alejandra Acosta

Aura pertenece al movimiento del realismo mágico, donde los escritores, “viviendo en países donde la dictadura y la censura corrompían todos los ámbitos de la sociedad, pudieron expresarse fluidamente.” (Definición.de). Este ensayo tiene como fin exponer mi punto de vista acerca de la polémica que ha creado la obra y lo absurdo que llegó a ser la censura de esta misma.

Cualquiera puede determinar que su contenido erótico se desvía a lo vulgar, o que la mención de temas religiosos descritos en la novela sean considerados como sacrilegio cuando no se detienen a leer entre líneas. Entiendo lo complicada que puede ser la comprensión de esta obra, si desde la época en que se publicó hemos estado viviendo alrededor de ideas conservadoras, las cuales destacan en nuestro país, logrando que nuestra sociedad no avance y siga encerrada esos pensamientos tradicionales.

Es importante tener en contexto que en 2001, después de 39 años de la publicación de la obra Aura de Carlos Fuentes, el periódico La Prensa de San Diego publicó un artículo que llevaba el título “Aura es muy sensual”, en donde se menciona la inconformidad del Secretario de Trabajo del aquél entonces, Carlos Abascal. Su indignación por una bien conocida obra llevó a que, en el colegio donde estaba su hija, fuera censurada. “…Se sintió indignado porque un párrafo de la novela le causó a él una fuerte sensación sensual y posiblemente algo más…’’ (Davis, 2001)

El suceso citado circuló en los noticieros del país generando controversia. Especialmente entre quienes tienen una forma distinta de pensar sobre la sexualidad, la educación y la literatura como un hecho estético.

Considero que el erotismo es parte de la belleza humana, más allá de un momento físico se trata de la esencia en espíritu, en alma. Entiendo que cada ser es distinto, que todos fuimos educados diferente y que nuestra mentalidad no es, definitivamente, la misma. Hemos vivido bajo estigmas que sólo logran que nuestras mentes sigan cerradas. Por lo que, en este trabajo pretendo demostrar que el erotismo debe ser estudiado, experimentado, sin barreras, sin aprensión, y además, mostrar que el uso de la religión y del erotismo son más que simbolismos que utiliza el autor, como recursos, para explicar la importancia de encontrar nuestro espíritu.

Para probar mi hipótesis, he decidido organizar mi ensayo de la siguiente manera: primero defino el concepto de erotismo y de rito. Segundo, planteo los simbolismos de la escena que mencioné anteriormente, puesto que de esta controversia nació mi interés por indagar en estos temas. Por último, concluiré con el ensayo exponiendo mis opiniones al respecto.

Para comenzar con el desarrollo del tema, a continuación defino el erotismo; ‘’De amor sexual, de asunto amoroso. Tiene a veces sentido peyorativo, implicando exageración morbosa del aspecto sexual’’, aunque también se considera como un recurso estético en el arte, una manera de conocer al hombre, a través de los tiempos, como un ser espiritual.

El rito se define como algo que “se aplica, generalmente, en lenguaje informal, a cualquier acto repetido de manera invariable respetada como religiosamente’’ (Moliner 1167, 1014). Es así como vemos la idea del ritual en la narración de Aura. Se presenta en los actos rutinarios, repetidos una y otra vez de manera obsesiva.

Sobre la obra hay mucho de qué hablar, desde el comienzo se muestra simbología que puede desdoblarse para explicar detalladamente la razón de. A mí parecer, todos los simbolismos al final hacen uno solo. Sin embargo, quiero centrar el análisis de una escena en particular, esta que fue motivo de censura en el ya mencionado artículo de principios del 2000. La presento a continuación destacando la parte del ritual que Abascal subrayó:

“Tú sientes el agua tibia que baña tus plantas, las alivia, mientras ella te lava con una tela gruesa, dirige miradas furtivas al Cristo de madera negra, se aparta por fin de tus pies, te toma de la mano (…) Tienes la bata vacía entre las manos. Aura, de cuclillas sobre la cama, coloca ese objeto contra los muslos cerrados, lo acaricia, te llama con la mano. Acaricia ese trozo de harina delgada, lo quiebra sobre sus muslos, indiferentes a las migajas que ruedan por sus caderas: te ofrece la mitad de la oblea que tú tomas, llevas a la boca al mismo tiempo que ella, deglutes con dificultad: caes sobre sus brazos abiertos, extendidos de un extremo al otro de la cama, igual que el Cristo negro que cuelga del muro con su faldón de seda escarlata, sus rodillas abiertas, su costado herido, su corona de brezos montada sobre la peluca negra, enmarañada, entreverada con lentejuela de plata. Aura se abrirá como un altar’’. (Fuentes 47, 48).

El fragmento citado ofrece elementos para evidenciar el aspecto simbólico de la religión y el erotismo en la obra, los explicaré a continuación.

El “tú” se refiere a Felipe Montero, el protagonista de esta historia, que también se puede definir como un “yo” para que el lector quede atrapado en las páginas de la narración, (no hablo de esto en concreto, pues este tema se trataría de otro ensayo). En relación con el antiguo Testamento, diferimos que Felipe es considerado como un ser divino al momento en que Aura le lava los pies, tal y como Magdalena lo hizo con Cristo, significando humildad y también purificación.

Aura, estando desnuda, le da un trozo de harina (a Felipe) representando una oblea, cuyo fraccionamiento simboliza la separación del cuerpo y del alma de Jesús, se ofrece como dádiva, convirtiéndose a la vez en sacrificador y criatura sacrificada (Silva 1994), pues representa a Cristo en la cabecera de la cama. Y para acabar el ritual; “Aura se abre como un altar”.

Con esto, la obra se volvió un sacrilegio, sin embargo, sostengo que no son más que simbolismos para representar la necesidad de recuperar un tiempo cíclico, esa “posibilidad que cada individuo tiene de recobrar su porción viva de pasado” (Paz, 18,19).

En resumen, el ritual erótico y religioso en el que Felipe Montero y Aura se “someten”, no es más que un símbolo de eternidad, donde los personajes representan, con deseo y desesperación, que la juventud y la belleza de Consuelo dure por mucho tiempo en el cuerpo de su sobrina. El Coronel Llorente renace en el cuerpo de Felipe, haciendo que la pareja mayor se reconecte con el pasado.

Existe una intención de progresar en nuestras tradiciones de costumbre al plasmar a la mujer como un arquetipo al tratar de complacer al hombre, que también rompe con estos ideales al mostrarse “activa y sexual en esa búsqueda del otro” (Eudave, 2016). El profundizar el tema del papel de la mujer sería un ensayo más, como comenté anteriormente, esta novela corta contiene simbolismos que, en lo personal, hacen muy hermosa a esta narración.

Fue difícil encontrar información sobre esta obra que tuviera que ver con el erotismo y que fueran de fuentes confiables, lo que llegué a encontrar fácilmente fueron análisis muy vagos y con comentarios muy cortos sin ningún respaldo. Me parece que se está tomando a la ligera un tema que vale la pena.

Con lo que respecta a la controversia de principios de siglo, a mí parecer, Carlos Abascal no terminó de leer la obra o carecía del entendimiento humanista, pues al final de la novela es comprensible que Consuelo y el Coronel vuelven a lo que solían ser juntos, esa pareja apasionada que se prometió amarse por siempre. En pocas palabras recuperan su verdadera identidad.

Por lo que a mí respecta, ya hemos tenido suficiente de tanta ideología cerrada, de esa que no deja expresar, descubrir. Por consiguiente, sería preferible dejar que las generaciones más jóvenes sean libres de descubrir lo que necesitan para encontrarse con su interior, es lo que necesita un alma joven. Como Octavio Paz, en su ensayo Conjunciones y Disyunciones (1969, 119), dice: “No creo que en ninguna otra época ni en ninguna otra civilización el impulso erótico se haya manifestado como una subversión pura o predominantemente sexual’’, todo se trata de la esencia del humano y las formas de expresarlo.

Es irracional censurar las obras y las voces de esos que nos demuestran, desde el punto de vista artístico, lo que se trata el descubrir nuestro verdadero yo. Siempre será necesario encontrarnos con autores que nos hagan sentir comprendidos, afortunadamente hemos avanzado, poco a poco, con nuestra libertad ganándole a las limitaciones que el mismo hombre ha impuesto.

Me quedo con el interés por aprender de autores y obras que han sido considerados como parte de temas controversiales, tanto latinoamericanos como extranjeros, hacer saber que “…la sociedad puede volver a su pasado para reflexionar acerca de ciertos acontecimientos traumáticos y, así, contemplar un presente más inteligible y hallar una identidad personal o colectiva” (De Lima, 2016). Necesitamos empezar hacer crecer la cultura, la forma de pensar y reaccionar y que el buen arte prevalezca para generaciones futuras.

 

 

 



Escrito por Andrea Bustamante.

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

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