La abeja que poliniza sin saberlo

Visto desde fuera una abeja poliniza las flores de las que se alimenta sin saberlo, de la misma forma una idea fue plantada poco a poco en mi sistema.

Después de años de terapia, un psiquiatra, más amigo que la mayoría de mis conocidos, me recomendó escribir lo que sentía.

Lo que empezó como una forma de desahogar la mente, con el tiempo, se volvió un gusto, una facilidad de escribir en lugar de hablar.

Para alguien con gusto por la lectura, escribir fluía en mí.

Entré a psicología porque era otro de mis intereses que florecieron entre terapias. Me dejé convencer por mi familia para estudiar eso porque “me iba a morir menos de hambre como psicólogo que como escritor”.

Desde mediados de mi secundaria y hasta finales de preparatoria me dediqué a tomar cursos de literatura, redacción de cuentos y poemas, análisis grupales, entre algunos otros. Lo veía como un hobby.

Entré a concursos en diferentes lugares y poco a poco iba mejorando. En la carrera de psicología me encontré una convocatoria: participé en un concurso de la Universidad de Sonora y al tiempo me llegó un aviso, tenía que presentarme para la premiación de algo que había casi olvidado.

El maestro que me daba los cursos ya antes mencionados se enteró y después de una plática para ponernos al corriente me hizo una pregunta:

“¿Qué estás haciendo en psicología?”.

Después de un tiempo entendí: mi felicidad es algo por lo que vale la pena arriesgar el “morirme de hambre”.

Decidí cambiarme de carrera y seguir ese impulso que me lleva a escribir, esa voz que tengo en mis letras.

Cuando me preguntaban en qué pensaba, en mi cabeza sólo podía explicarlo como “La abeja que poliniza sin saberlo”.

La idea de algo que silenciosamente entra en nosotros y cuando menos lo esperamos tenemos un jardín creciendo en el rincón olvidado de nuestro ser.

Simplemente decidí aprovechar lo que nace en mi interior.

Siento que esa decisión es y será un punto que recuerde con el tiempo, ya que fue cuando decidí seguir el alma sobre la mente.

Al final de cuentas creo que eso es un rasgo que me define, desde decisiones hechas por amor hasta los problemas resueltos con el sentimiento puro.

Si seguir mis sentimientos y escuchar el alma me llevará a la ruina, estoy como muchos otros; destinado a ser el poeta fracasado, el poeta enamorado.

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Tomi Ungerer. End. 1960

Escrito por Jorge Boijseauneau

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Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional

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