Érase una niña de 12 años…

Cuando era pequeña les pregunté a mis padres qué es leer y concluí con que se trataba de leer libros grandes y complicados. Quienes leían, en mi mente, eran hombres inteligentes con predominante mostacho, que usan lentes, con una taza de café negro y un librero enorme detrás de ellos. Era una fotografía que hice en mi mente. Ahora sé que eso se llama imagen plástica y que no sólo los hombres mayores pueden escribir o leer, pues también tengo esas características… menos el bigote.

Me dijeron que Don Quijote era un clásico y que era muy difícil; estaban en lo correcto. A los 10 años no pude leer este librote, terminé regalándolo (o tal vez en la basura, lo siento) y me dije que los clásicos eran igual a este y que nunca entendería uno. El segundo libro que leí fue La vuelta al mundo en 80 días versión infantil y me gustó mucho, pero no sabía lo importante que es esta obra.

Seguí leyendo una que otra cosa sencilla y me encariñaba muchísimo. Cuando entré a segundo de secundaria conocí a mi maestra de “español”, o algún nombre así, que nos contaba cuántos libros tenía y que su escritor favorito era Gabriel García Márquez. Entendí lo importante que es y le pedí prestado un libro, fue La Cándida Erendira y su abuela desalmada, no lo pude leer…

Unos días después le entregué el libro a la maestra y le expliqué que no pude leerlo porque no le había entendido, ella sólo se rió y me preguntó por qué, yo sólo le contesté que las palabras eran difíciles y que no me gustaban las groserías. En fin, un trauma más, pero seguí leyendo literatura juvenil y para mí eso era suficiente, hasta escribí una novela corta inspirada en estos relatos.

En la preparatoria nos pidieron leer La Ilíada… creo que no tengo mucho que explicar de esta narración, pues hasta hoy puedo entenderla y hasta le tengo mucho cariño.

En resumen, sólo quiero hacerte saber que la literatura no son filósofos fumando de una pipa criticando todo (aunque debe haber alguno), tampoco son libros enormes que no entenderás jamás, escritores con un gran título y premios Nobel, maestros o compañeros que no sepan comprender tu camino hacia la lectura. Por eso las librerías son enormes, con categorías de género literario, edades, tamaños, etc.

Tú toma el que más te llame la atención, quiérelo, apasionate y que no te importe lo que digan los demás de lo que tú decides leer, porque ellos no comprenden lo que para ti significa, pero yo sí.

Orgullosamente puedo contarte que estoy por conocer a García Márquez y que, en próximos semestres en la licenciatura en literaturas hispánicas, pronto podré leer todo esto que me daba inseguridad, hasta estoy aprendiendo a analizarlos…

¡ESCRIBE, LEE, APASIONATE, TODO SIN APRENSIÓN! Vida sólo hay una.



Escrito por Andrea Bustamante.
Licencia Creative Commons
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